Mundo ficciónIniciar sesiónLucía miró el reloj en la pantalla de su portátil: las 11:47 de la noche. No podía esperar. No con esto. Cada segundo que pasaba era un grano de arena que se escapaba en un reloj de cuenta atrás cuyo final desconocía. Tomó su teléfono personal, el dispositivo limpio, el que no tenía relación con el trabajo y marcó el número encriptado.
—¿Qué pasa? —La voz de Damián era áspera, cargada de cansancio y alerta inmediata. Ella tragó saliva. —¿Ya entregaste el dulce? Hubo un silencio pesado. Un suspiro largo y resignado. —Lucía, te pedí que te mantuvieras al margen. Por favor, hazme caso. —Esta vez —dijo ella, con una firmeza que no admitía réplica—, solo por esta vez, confía en mí. Dime. —Sí —contestó él, la palabra corta como un disparo—. El jueves en la tarde. Por el canal seguro. ¿Por qué? —Su voz se agudizó en una nota de preocupación genuina, mezclada con un dejo de temor—.¿Qué has hecho? —No h






