Mundo ficciónIniciar sesiónLucía miró el reloj en la pantalla de su portátil: las 11:47 de la noche. No podía esperar. No con esto. Cada segundo que pasaba era un grano de arena que se escapaba en un reloj de cuenta atrás cuyo final desconocía. Tomó su teléfono personal, el dispositivo limpio, el que no tenía relación con el trabajo y marcó el número encriptado.
—¿Qué pasa? —La voz de Damián era áspera, cargada de cansancio y alerta inmediata. Ella tragó saliva. —¿Ya entregaste el dulce?






