Lucía miraba a Vijay, luego a Damián, tratando de procesar la información. La naturalidad con la que este hombre de rasgos árabes manejaba conceptos de criptografía avanzada, identidades falsas y élites financieras criminales era abrumadora. No cuadraba con el recuerdo del compañero de facultad algo desaliñado y fanático de los videojuegos.
Damián, percibiendo su confusión, se acercó. Su tono era bajo, solo para ella.
—Vijay no es exactamente el compañero de escuela que recuerdas—explicó—. Es,