Miré incrédula el vestido. No era ni de lejos lo primero que había esperado. Había esperado algo tremendamente escotado, que dejara mi cuerpo casi por completo expuesto. Aquello no sabía si considerarlo mejor o peor. Parecía sacado de una película de los años sesenta: elegante, sobrio, casi presidencial. Como si Jorge quisiera convertirme en una versión de Jackie Kennedy.
Por supuesto, no todo iba a ser anticuado y elegante. En la cama también estaba un juego de lencería con transparencias exce