Respiré profundamente y caminé los pocos pasos que separaban el camarote donde estaba Natalia de donde sabía que se encontraba Laura. Cuando llegué, estaba en brazos de Alberto. Ella lloraba sin terminar de creer que todo hubiera terminado.
Miré un par de metros más a la derecha. Uno de los secuaces de Jorge, según Karem, uno de los que había participado en el secuestro, también yacía muerto.
—Disculpa, Laura. ¿Te encuentras mejor?
Laura y Alberto me miraron. Sus miradas parecían expresar cosas