El silencio me estaba matando. Si no contestaba pronto, iba a explotar. Miré dónde estaba tirada mi ropa interior y mi vestido. El vestido estaba algo más lejos… mi ropa interior estaba cubierta con la sangre de Jorge.
Miré a Alberto. Estaba nervioso, pero permanecía apretando los puños al lado de Romano.
—Por favor, Alberto, espera un momento fuera y cierra la puerta.
Alberto miró a Romano y este asintió.
—No, espera, toma estas cosas.
Romano le pasó el auricular, la cámara que llevaba en el p