Cerré la puerta del camarote detrás de mí y me quedé unos segundos con la mano sobre el pomo.
Natalia estaba convencida de que su marido ya no la quería.
Y yo empezaba a pensar que los dos eran idiotas.
No sabía demasiado sobre matrimonios. Mucho menos sobre matrimonios como aquel. Durante meses había aprendido que hacer preguntas, mirar demasiado o interesarse por la vida de otras mujeres solo traía problemas. Pero incluso yo había visto cómo Romano miraba a Natalia.
No parecía la mirada de un