Mundo ficciónIniciar sesiónEstaba a punto de salir por la puerta de la galería de tiro cuando una orden me retuvo en el umbral.
—Detente.
La voz de Isabella me heló. Me giré despacio. Su cara no mostraba piedad; la mirada de Romano hacia el suelo, en cambio, me preocupó. Julia miraba a unos y otros, mientras Roberto y Miguel permanecían expectantes.
—Aquí nadie se va hasta que mejora. —dijo con calma—. Y tú aún no sabes







