Mundo ficciónIniciar sesiónLos ojos de Miguel estaban fijos en el camino por donde se había ido el coche. Y entonces lo entendí. Demasiado tarde. El tercer estallido fue más ensordecedor. Más cercano. Y esta vez vino acompañado de algo más. El eco metálico de disparos. Ráfagas. No uno. No dos. Muchos.
Julia me agarró del brazo con fuerza.
—Natalia…
No terminó la frase. No hacía falta. Todos estábamos mi







