La comida se me estaba atragantando. Decidí excusarme y estar un rato a solas. Nada más entrar en la habitación, observé el violín y me puse a tocarlo. La música me relajaba; concentrarme en una actividad ayudaba a evadir todo. La pelea con Romano, el asesinato realizado por Julia y su posterior obsesión con su pistola.
Unos aplausos me sobresaltaron cuando terminé una de las melodías. Me volví y ahí estaba Romano. Mirándome con una sonrisa.
—Por favor, sigue.
Lo miré con incredulidad. Dejé el