Mundo ficciónIniciar sesiónEl saco resbaló de sus hombros y nadie lo recogió.
Julián seguía arrodillado frente a ella con las manos quietas a la altura de sus rodillas, sin tocarla todavía, como si pedir permiso fuera lo único decente que le quedaba esa noche.
—Dilo —murmuró Elena.
—¿Que diga qué?
—Que me vaya. —le temblaba la voz y odió que le temblara—. Es lo que decía







