La autorización llegó una mañana de sol.
La doctora revisó a Elena con calma, observó la pantalla un largo rato y por fin sonrió.
—El sangrado cedió. El bebé está estable, creciendo como debe. —se quitó los guantes—. Puedo darte permiso para viajar, pero con condiciones. Nada de esfuerzos. Vuelos cortos o descansos frecuentes. Y en cuanto llegues a donde vayas, seguimiento con un médico de allá. ¿Entendido?
Elena asintió, con los ojos húmedos.
—Entendido.
Adrián le apretó la mano.
—Entonces nos