—No volverás a ver a ese hombre —dijo Dimitri, en lugar de explicarle por qué demonios había actuado así.
Amelia soltó una risa breve, incrédula, mientras la furia dentro de ella escalaba a un nuevo nivel.
—¡¿Perdón?! Dime que es una jodida broma —espetó.
—No voy a repetirlo.
Ella lo miró, entre sorprendida y molesta.
—Claro que no, porque solo gastarías saliva. No tienes ningún derecho a decirme con quién puedo o no trabajar... La última vez que revisé, no eras mi jefe. ¡Y el dinero que me dis