Dimitri entró en el almacén acompañado de su hermano y su jefe de seguridad. Apenas cruzó la puerta, uno de los guardaespaldas se acercó a ellos.
—¿Ha dicho algo? —preguntó sin disminuir el paso.
Esperaba que el tiempo que Miles llevaba encerrado hubiera sido suficiente para hacerlo reflexionar. Sus hombres le habían dado comida y agua apenas lo necesario para mantenerlo con vida, pero sin ninguna comodidad. Quería que el encierro le pesara, que el silencio y la incertidumbre terminaran por queb