Amelia acompañó a la pareja hasta la puerta de su oficina y, tras despedirse, regresó a su escritorio. Se sentó con cuidado y tomó su tableta para ponerse a trabajar. Tenía varios pendientes.
Unos minutos después, su celular comenzó a sonar. Lo llevó cerca de su oído sin mirar el identificador.
—¿Buenos días?
—¿Estás ocupada?
Frunció el ceño al reconocer la voz de Dimitri. Alejó el teléfono para comprobar la pantalla y confirmó que, en efecto, era él.
—¿Dimitri? —preguntó, confundida—. ¿Todo e