Dimitri observaba a Amelia con atención. Ella estaba concentrada —o al menos fingía estarlo— en explicar su método de trabajo y responder a las preguntas de Lilly. Sin embargo, por mucho que fingiera profesionalismo, sabía que estaba nerviosa. Durante la última media hora, ella apenas lo había mirado un par de veces y en ambas ocasiones, cuando sus ojos se habían encontrado con los de él, había desviado rápido la mirada. No podía negar que era buena en lo que hacía. No solo complacía a Lilly con facilidad, sino que también sabía ponerla en su lugar cuando la situación lo exigía, sin ser grosera. Habría sido una negociadora formidable si se hubiera dedicado a los negocios. En esa ocasión, su maquillaje era más sutil y no llevaba un vestido largo y provocador, pero aun así emanaba la misma sensualidad y belleza que recordaba de aquella primera vez. Aun así, no debía dejarse engañar por la atracción. Cuanto más lo pensaba, menos creía que aquello fuera una casualidad. No sería la pri
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