Dimitri estaba concentrado en su laptop. Se veía demasiado tranquilo, casi como si no hubieran discutido antes.
Su presencia lo dominaba todo, y Amelia no podía evitar sentirse como una intrusa en su propio espacio. En una ocasión le había insinuado que cualquier día de esos ella se instalaría en su oficina; él la había mirado antes de decir que le gustaría.
Sinceramente, estaba completamente perdida.
Cada cierto tiempo, su mirada se desviaba hacia él —justo como en ese momento—, con las ganas