Katerina pone la taza sobre la mesa de manera brusca, salta de la silla con temblores en todo el cuerpo y corre fuera de la cocina, tan agitada que le resulta difícil respirar.
—¡¿Qué crees que estás haciendo?! ¡¿Te has vuelto loco?! —Mira a su alrededor, alterada y temerosa. Este, en cambio, la observa como si de una loca se tratara.
—Oye, ¿estás bien? Parece que vas a colapsar en cualquier momento —comenta de lo más natural mientras cierra el grifo conectado a la manguera.
—¡¡Tápate!! —Ella s