Mundo de ficçãoIniciar sessãoGio le acaricia las mejillas a Katerina y sisea su nombre para que ella despierte.
Katerina abre los ojos con lentitud y pesadez, y lo mira aturdida.
—Te traje comida —le informa él; luego levanta el tazón delante de ella—. Es un caldo, te caerá muy bien.
Katerina se incorpora en la cama y bosteza; después se frota los ojos. Por su parte, Gio empieza a alimentarla sin mediar palabras.
—¿Crees que somos unos monstruos? —Ella rompe el silencio con voz temblorosa.
Gio deja la cuchara en el tazón y la encara, comprensivo.
—Tu padre sí —responde sin titubeo—. En cuanto a tu madre, supongo que hizo lo que creyó correcto; sin embargo, para mí fue cómplice de tu padre al no intervenir cuando debió hacerlo.
Él suelta un suspiro y añade:
—Supongo que, luego de que el mal ya estaba hecho, l







