Gio besa a Katerina con un hambre que parece insaciable, mas ella se remueve incómoda por el escozor que le provoca el sudor y los bichos al picarla; asimismo, la posición se torna incómoda y las piernas le empiezan a acalambrar.
—Debemos regresar, tengo hambre —dice ella mientras recuesta la cabeza en el hombro de él.
—Todavía no me sacio de ti; te he extrañado tanto que, ahora que estamos así tan rico, no me quiero apartar de tu piel.
—Yo también te he extrañado, pero estamos en medio de un monte, desnudos y pegajosos, a merced de los mosquitos y hambrientos. ¿Acaso no te duelen los glúteos por estar tanto tiempo en el suelo?
—Ni le había dado importancia al dolor de culo hasta que lo mencionaste. —Él se remueve, como buscando comodidad.
—¿Tienes que decirlo de esa manera tan vulgar? —Ella entorna los ojos.
Con ayuda de Gio, Katerina se levanta; entonces se percata de que sus fluidos, mezclados con los de él, se le riegan por los muslos.
—Necesito bañarme... —menciona mientras busca