Gio besa a Katerina con un hambre que parece insaciable, mas ella se remueve incómoda por el escozor que le provoca el sudor y los bichos al picarla; asimismo, la posición se torna incómoda y las piernas le empiezan a acalambrar.
—Debemos regresar, tengo hambre —dice ella mientras recuesta la cabeza en el hombro de él.
—Todavía no me sacio de ti; te he extrañado tanto que, ahora que estamos así tan rico, no me quiero apartar de tu piel.
—Yo también te he extrañado, pero estamos en medio de un m