—¿Por qué ese hombre te miró con ganas de comerte? ¿Acaso le estabas coqueteando? Yo te amo mucho, Katerina, pero no permitiré que me seas infiel en mi propia cara.
El terror se adueña de la joven, quien empieza a negar con sacudidas de cabeza nerviosas.
—Le juro que yo no hice nada. Ni siquiera noté que ese hombre me miraba porque no le prestaba atención. Se lo juro, yo no he hecho nada. —De rodillas frente a él, llora desconsolada su infortunio.
—Algo debiste hacer para que él te deseara. Pue