Mabel
Los días pasaron uno tras otro sin piedad.
No hubo sobresaltos, solo una rutina que se fue instalando en mí, caminaba por los pasillos, me sentaba en el jardín, leía en el balcón, dormía siestas cortas y evitaba coincidir con Faddei, aunque él termina en mi cama durmiendo por dos o tres horas.
Llega muy tarde y se va antes de que amanezca totalmente, no hemos hablado sobre el tema, a la hora de la cena siempre hago lo mismo: pido comer en la habitación.
Los malestares estomacales disminu