Faddei
La ciudad aún dormía cuando Mabel tomó otro camino que yo no reconozco, no dijo nada y tampoco le pregunte a donde me llevaba.
No soltó mi mano, las luces de la autopista quedaron atrás y el cielo empezó a aclararse en una franja pálida.
—Te llevaré a un lugar que no está en ningún mapa turístico. —dijo al fin, sin mirarme. —Y eso lo hace perfecto.
Me gire para observarla conducir.
—Tu mirada me pone nerviosa. —Sonreí ante su sinceridad, quite el saco, arremangue mis mangas y solté un botón de la camisa, todo esto sin dejar de mirar a mi esposa.
El camino se volvió estrecho y elevado, en lo más alto en la pendiente detuvo el auto. Estábamos frente a un acantilado urbano, Mabel bajo sin invitarme, pero es obvio que ella espera que baje detrás de ella, avanzó hasta el borde con naturalidad.
—Aquí venía para olvidar esa que fui. Este es mi lugar secreto.
Me acerqué y la rodeé, mis manos la abrazaron desde atrás y ella apoyó mi espalda de su pecho.
—¿Y ahora?
Ella no respon