Faddei
Terminamos de comer sin prisa, no porque el tiempo sobrara, sino porque esa noche no estaba dispuesto a cederle nada a nadie.
Soy egoísta, porque todo me lo han robado, sin embargo, ver el brillo en los ojos cristalizados de Mabel me dio mil años de vida, sé que no le interesan los lujos como tal, sino que ve mi esfuerzo en cada regalo.
Observó a Mabel bebiendo su vino con movimientos suaves, las mejillas totalmente rojas y sus labios se ven más apetitosos que nunca.
—Ven —le dije al ponerme de pie, extiendo mi mano y ella no dudó en tomarla. Camino con ella fuera del espacio privado. —Aún no has visto lo mejor.
Caminamos más allá del salón principal, atravesamos un pasillo discreto, abrimos una puerta de madera oscura.
El espacio era distinto, una área privada, amplia, con ventanales que daban a la ciudad, aunque eran cristales blindados, permiten una hermosa vista.
En el centro, una mesa de mármol sin una sola marca. A los lados, botellas que no estaban en carta.
Mabel s