Mabel
Después de vivir una noche hermosa e inolvidable, terminamos en aguas residuales.
—¡Señor, está herido! —gritó Vicenzo haciéndome estremecer de pies a cabeza, mi preocupación fue de inmediata, mi corazón comenzó a palpitar con desenfreno y el nudo de mi garganta se hizo presente.
—No es mortal, seguimos avanzando.
—Amor… bájame. —Le dije amor, pero no me arrepiento. —Necesito ver cuán grave es.
—Perdimos a dos de los nuestros. ¡Maldita sea! Señor está herido, deténgase.
La voz de Vicenzo rebota en el lugar, él se detiene y apenas baje, mis pies no se ensuciaron, busco en el costado, mi visión se nubla. No es el miedo al ataque lo que me desarma, es la sangre.
La de Faddei.
—¿Acaso no se rendirá? Vicenzo ordena que los destruyan a todos, que no regrese ni uno solo con vida. Ellos quieren una guerra, la tendrán, mejor deja uno solo con vida y que papá sepa que fui yo quien los hizo trizas.
Mis manos tiemblan al llenarse de su liquído caliente, espeso, rojo oscuro, demasiado r