Mabel
Después de vivir una noche hermosa e inolvidable, terminamos en aguas residuales.
—¡Señor, está herido! —gritó Vicenzo haciéndome estremecer de pies a cabeza, mi preocupación fue de inmediata, mi corazón comenzó a palpitar con desenfreno y el nudo de mi garganta se hizo presente.
—No es mortal, seguimos avanzando.
—Amor… bájame. —Le dije amor, pero no me arrepiento. —Necesito ver cuán grave es.
—Perdimos a dos de los nuestros. ¡Maldita sea! Señor está herido, deténgase.
La voz de Vic