La rueda de prensa había sido un huracán. Aún con la adrenalina quemando en mis venas, fui a buscar a Julián al despacho esa noche esperando reproches, no la amenaza que me esperaba. Entré cuando todos se habían ido. Él estaba de pie junto al ventanal, mirando la ciudad como si dominara todo desde arriba.
—Saliste en la pantalla —dije, la voz seca—. Lo viste.
Se volvió lentamente. Su cara no tenía la arrogancia de antes; tenía algo más oscuro, contenido.
—Sí —respondió—. Lo vi. Y lo vi como lo