Volví de la biblioteca con la cabeza a punto de estallar. El apellido de Clara seguía repitiéndose en mi mente como una alarma: Valverde. El mismo que el mío. El mismo que había intentado dejar atrás cuando me casé con Julián.
Caminé de un lado a otro en la sala, con la foto de Julián y aquella mujer aún escondida en el cajón, y la nota con esa caligrafía que me perseguía. Sentía que estaba rodeada de piezas de un rompecabezas, pero ninguna encajaba todavía.
El sonido de la cerradura me sacó de