El eco de la puerta cerrándose detrás de Julián aún resonaba cuando mi celular vibró sobre la mesa. Un mensaje, número desconocido.
“Necesitamos hablar. Esta noche. No lo ignores.”
Supe de inmediato quién era.
El resto del día caminé como una sombra, atrapada entre la rutina y la ansiedad. Cada rostro en la oficina se me antojó extraño, cada llamada una amenaza. Apenas cayó la noche, regresé a casa con el corazón golpeándome en el pecho.
A las diez en punto, el timbre sonó.
Sebastián.
Entró sin