Lia despertó entre pestañeos perezosos, disipando los restos de sueño mientras observaba a su alrededor buscando reconocer dónde se encontraba. No había candelabros de cristal, ni muros con retratos antiguos, ni la amenaza de Craven inclinándose sobre ella.
Se incorporó lentamente. Estaba en una cama cómoda pero sencilla, cubierta por cálidas mantas. Sus ojos recorrieron la habitación de una cabaña. Paredes de troncos, estanterías con frascos de vidrio, una chimenea apagada. Aunque no sabía dón