Las palabras de Teresa habían quedado rondando por la mente de Lia como un espiral en el cual sentía que se perdía. La abuela de Cassian propuso que lo más conveniente era darle tiempo a solas para asimilar la situación, pues apenas acababa de despertar y no quería que la joven se sintiera abrumada.
Lia decidió tomar una ducha para dispersar sus pensamientos. Disfrutó del agua cálida deslizándose por su cuerpo como una cascada, la cual relajaba sus músculos. Cuando terminó, se cubrió con una b