El aire tenía una mezcla de hierro y desesperación, se sentía denso, casi palpable. Era un hedor pesado y metálico, que se mezclaba con el frío húmedo de los muros subterráneos.
Lia avanzó con pasos inseguros, el corazón latiéndole salvajemente en el pecho, mientras sus ojos intentaban acostumbrarse a la penumbra apenas iluminada.
No tardó en comprender dónde estaba.
A cada lado del pasillo, se alzaban celdas de hierro y en su interior… humanos. Algunos dormían con los brazos colgando co