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La mano de Craven se cerró en un agarre firme y mortal alrededor del delicado cuello de Lia. Ella le clavó las uñas en el brazo pero a él no le importó, la llevó contra la pared. Su mirada destilaba un veneno que a Lia le heló la sangre.
Todo en Craven era una amenaza directa hacia Lia.
La furia azotó a Dorian como una marea carmesí que hizo arder su mirada como llamas infernales. Durante la cena, apenas pudo controlarse, pero en ese instante su feroz instinto protector lo dominó.
Con un mo