Los aplausos aún resonaban en el bar cuando Alondra bajó de la tarima. Su sonrisa seguía pintada, pero sus ojos, al mirarlos de cerca, tenían un brillo distinto… como de quien se refugia en la fiesta para no pensar demasiado.
Carlos la observaba desde su mesa, con el vaso en la mano y el corazón latiendo un poco más rápido de lo que él mismo quería admitir. El joven que la acompañaba se inclinó para susurrarle algo al oído, y Alondra soltó una carcajada que llamó la atención de media cantina.
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