La tarde se había despedido con un resplandor dorado sobre las torres del castillo, pero el cielo, caprichoso, comenzó a cubrirse con nubes densas apenas el equipo guardó el último utensilio.
Una brisa helada anunció lo inevitable: el agua comenzó a caer en gruesas gotas sobre el patio del castillo, y en cuestión de minutos, una tormenta intensa los envolvió.
El sonido de la lluvia golpeando los cristales del transporte los obligó a detener el regreso. La carretera a Londres estaba completament