El ambiente dentro de la oficina se volvió denso apenas Tonia Rothwell abrió la boca. Sus palabras eran tan finas como cortantes, y Violeta tenía la incómoda sensación de estar siendo analizada como un experimento.
—Bueno, Liam —dijo Tonia, cruzando los brazos con una sonrisa falsa—, debo admitir que tienes buen gusto… aunque, claro, los gustos cambian con el tiempo.
Violeta se mantuvo firme, aunque sintió el calor subirle por el cuello. Liam apretó la mandíbula, pero antes de poder responder,