El regreso a Londres fue silencioso. La lluvia había cesado, pero el eco de la tormenta aún parecía seguirla en la mente. Violeta miraba por la ventana del automóvil, observando cómo el paisaje gris de las colinas se transformaba en calles concurridas, luces rojas de los semáforos y el inconfundible caos urbano de la ciudad.
A su lado, Ariel hablaba por teléfono y Ethan, sentado unos asientos más adelante, bromeaba con el conductor. Todo parecía normal, demasiado normal, después de lo que ella