El reloj de la pared marcaba las once y media cuando Violeta terminó de enviar un mensaje a Liam:
“Te espero en la cafetería de la esquina.”
Había terminado temprano en el hospital esa mañana, pero en su interior se sentía demasiado revuelta como para regresar directamente a casa. El aire afuera olía a pan recién horneado y a café tostado, un aroma reconfortante que no lograba calmarle el corazón.
Se acomodó en una de las mesas junto a la ventana, mirando cómo las gotas de lluvia se acumulaban