El amanecer llegó envuelto en un resplandor pálido que se filtraba entre las cortinas del ático.
Violeta ya estaba despierta.
Había pasado la noche dando vueltas, repasando en su mente las recetas, los tiempos de cocción, los sabores. La cocina era su refugio, su territorio, pero ese día la emoción y la ansiedad se mezclaban como ingredientes difíciles de equilibrar.
El concurso de cocina de la empresa Rothwell comenzaba en menos de una semana, y cada minuto contaba. Desde que Liam le habló del