El automóvil se detuvo frente a la entrada del hotel bajo una lluvia menuda que cubría de reflejos dorados el asfalto. Las luces del edificio se alzaban imponentes, como una promesa luminosa en medio de la penumbra de la ciudad.
Violeta observó el reflejo del neón sobre el cristal, con el corazón golpeándole el pecho. Era extraño: casada, en un vestido de novia aún impecable, y entrando a un hotel junto a Liam. La boda había terminado, los aplausos se habían apagado, pero la emoción seguía lat