Mundo de ficçãoIniciar sessãoDenzel Carpentier es un hombre atractivo, arrogante y mujeriego; que no conoce de límites cuando de mujeres se trata. Es el vicepresidente de una de las cadenas de tienda de ventas al por menor más famosas del país y futuro heredero de la corporación multinacional. Sin embargo, nunca imaginó la sorpresa que su padre y su abuelo le tenían preparada. Sería despojado durante seis meses de todas las comodidades y beneficios que su apellido le ofrecía y, a cambio, debía conseguir la manera de forjar una nueva empresa durante el plazo sugerido, sin la ayuda de ninguno de sus conocidos o familiares, hasta convertirla en un negocio exitoso y rentable. Goldie Moore es una joven emprendedora que se gana la vida diseñando tarjetas de invitación para poder costear sus estudios en la carrera de publicidad. Sus múltiples compromisos la obligan a buscar a una persona que se encargue de las tareas del hogar mientras ella se dedica de lleno a su negocio. ¿Qué puede pasar cuando la persona que contratas es un hombre que ni siquiera tiene idea de cómo usar el detergente? Identificador 2302033332256 Fecha de registro febrero-2023 © Todos los Derechos Reservados
Ler maisTres años después. Coloco la pañalera a un lado de la puerta y corro por toda la casa, nervioso y preocupado mientras me aseguro de que no haya olvidado nada. ―Papi, quiero ir con mami. Observo con dulzura a mi preciosa princesa de cabellera castaña que me mira con ojitos ilusionados. ―Déjame terminar de preparar las cosas de tu hermano, Susan, y te prometo que te llevaré con mamita. Dejo un beso en su frente y la levanto en mis brazos. ―¿Daniel también irá con nosotros, papi? Recojo la pañalera del piso, antes de responderle. ―Por supuesto, cariño, a donde va uno vamos todos. Rodea mi cuello con sus bracitos cortos y regordetes. ―Te amo, papito. Aquellas palabras hacen latir mi corazón de felicidad. ―Yo también te amo y te adoro, princesita. En ese instante sale la niñera de la habitación de los niños, cargando con la sillita en la que duerme mi pequeño bebé. ―Todo está listo, señor Carpentier, traigo todo lo que me pidió. Sonrío satisfecho. Padre preparado, vale por do
Un mes después. ―Cariño, ¿me oyes? Salgo abruptamente de mis pensamientos al escuchar la voz de mi esposo. ―¿Denzel? Me observa sonriente al verme tan aturdida. ―Un centavo por tus pensamientos. Apoya sus manos en el colchón y se inclina para darme un beso en los labios. Mi rostro arde en rubor al darme cuenta de que he sido pillada con las manos en la masa. ¡Por Dios! ¡Me estoy convirtiendo en una pervertida! No hago más que pensar en sexo. Y, ¿cómo no hacerlo? Mi prometido es el dios del sexo. ―Lo siento, acabo de despertar. Balbuceo lo primero que se me ocurre. ―Tus mejillas están coloradas ―sonríe travieso y coqueto―. ¿Acaso estabas soñando con cosas cochinas y sucias? ―comenta con desparpajo―. No es necesario que me respondas, cariño ―acaricia mi rostro con las yemas de sus dedos―, tus mejillas se acaban de poner mucho más rojas de lo que estaban ―¿puede ser esta situación más bochornosa de lo que ya es?―. Te prometo que, en cuanto nos quedemos solos, volveré a hacerte e
Dos semana después. Suelto un bostezo y estiro todo mi cuerpo antes de abrir los ojos. El sol entra a raudales por las ventanas y la brisa fresca eleva las cortinas para darme un vistazo del extraordinario paisaje del que puede disfrutarse desde lo alto de la torre. Giro la cara y descubro que el otro lado de la cama está vacío. Extiendo mi brazo y palpo las sábanas con los dedos de mis manos, antes de tirar de una de las almohadas, estrecharla entre mis brazos y aspirar su aroma varonil impregnado en la tela. Sonrío como una tonta enamorada. Cierro los ojos y recuerdo aquella mañana en la que recibí una de las sorpresas más maravillosas de mi vida. ―Despierta, cielo ―sonrío al sentir sus labios, movilizándose por toda mi cara y dejando besos por doquier―. Nos están esperando. Abro un ojo y trato de enfocar la mirada en su cara. ―¿Quién nos espera? Niega con la cabeza y sonríe de esa manera que envía un delicioso cosquilleo por todo mi cuerpo. ―Si te lo digo dejará de ser una
La observo desde la distancia y me quedo anonadado con la belleza de mi mujer, su ingenio, su intelecto, pero, sobre todo, con su dulzura y encanto especial. Carajos, ¿quién iba a decir que me iba a enamorar de esta manera? ―Me gusta tu enfoque, Goldie. Le responde Gonzalo con cara de satisfacción al revisar los primeros puntos del plan de campaña que le ha propuesto mi mujer después de que mi amigo le presentara sus objetivos empresariales. Me mantengo sentado en el sillón, mientras los observo trabajar a gusto. Ella se lleva el lápiz a la boca de una manera tan seductora y sensual que me pone duro casi al instante. Por supuesto, ella ignora que cada movimiento que hace me provoca, me seduce, me embelesa. ―¿Qué te parece si abordamos la campaña desde este punto de vista? Me remuevo en el asiento y llevo la mano hasta mi entrepierna para ajustar mi polla que sigue presionando sin cesar contra la cremallera de mi pantalón. No paro de imaginarla con ese lápiz en la boca, vistiendo ún





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