Dos semana después.
Suelto un bostezo y estiro todo mi cuerpo antes de abrir los ojos. El sol entra a raudales por las ventanas y la brisa fresca eleva las cortinas para darme un vistazo del extraordinario paisaje del que puede disfrutarse desde lo alto de la torre.
Giro la cara y descubro que el otro lado de la cama está vacío. Extiendo mi brazo y palpo las sábanas con los dedos de mis manos, antes de tirar de una de las almohadas, estrecharla entre mis brazos y aspirar su aroma varonil impre