Sofía estaba sentada en el alféizar de la ventana, con la mirada perdida en la oscuridad del exterior. Sus pensamientos vagaban sin rumbo, como si intentara escapar de la realidad que la mantenía atada al dolor.
En ese momento, la puerta se abrió suavemente y Antonio entró con una bandeja en las manos. Al verla tan frágil, rota por dentro, un nudo se apretó en su pecho. Todo aquello había sido culpa de Brian… y tarde o temprano se aseguraría de que pagara por ello, de que se pudriera en la cárc