A la mañana siguiente, Sofía despertó con el cuerpo pesado y la mente agitada. Había pasado gran parte de la noche dándole vueltas a todo lo que había ocurrido: la llamada de su padre, la sombra de Brian, la certeza de que debía cortar con el pasado. El silencio del penthouse la sofocaba, cada rincón le devolvía recuerdos que no quería revivir.
Con un suspiro largo, se obligó a levantarse. Necesitaba salir, aunque fuera solo para distraerse un poco. Tomó las llaves, su bolso y decidió caminar hasta el supermercado más cercano. Quizás comprar algunas cosas para llenar el vacío de su cocina también la ayudaría a llenar, al menos por un instante, el vacío en su pecho.
Al llegar, el bullicio de los pasillos y el murmullo de las conversaciones parecieron envolverla. El ambiente cotidiano contrastaba con el torbellino de pensamientos que llevaba dentro. Empujando el carrito con calma, Sofía intentó perderse entre las estanterías, enfocarse en cosas simples, triviales, cosas que no dolieran