Antonio detuvo el auto frente a la entrada principal de la mansión. El motor aún encendido llenaba el silencio con un murmullo grave, mientras Sofía permanecía inmóvil en el asiento del copiloto. Sus manos se apretaban entre sí sobre el regazo, como si ese gesto pudiera darle el valor que le faltaba.
No quería bajar. No quería dar un solo paso dentro de aquella casa que le resultaba más prisión que refugio. Sin embargo, la amenaza de Brian pesaba sobre ella con la misma fuerza de las rejas invi