Sofía despertó a la mañana siguiente con los ojos hinchados y rojos. Se incorporó lentamente en la cama, sintiendo el cuerpo pesado y la mente nublada. Caminó hasta el tocador y, al mirarse en el espejo, el recuerdo la golpeó de inmediato: ese día cumplía veintidós años.
Un dolor punzante le atravesó el pecho. Recordó que, en los últimos tres años, siempre había esperado que Brian le diera una sorpresa, que al menos la llamara o enviara un mensaje para felicitarla.
Pero eso nunca había pasado.