Mercedes aterrizó en España con un solo objetivo. Se reunió con el sargento Emiliano en un callejón oscuro.
—Emiliano, viejo amigo. Necesito un favor, de esos que se pagan con maletines pesados.
Emiliano, sudando a pesar del frío, respondió:
—Ya hice suficiente por ustedes. La sombra de María me persigue todas las noches.
—La conciencia es un lujo que no puedes permitirte —dijo Mercedes acercándose a su oído—. Esta vez la recompensa es el doble. Solo asegúrate de que María deje de respirar. Qu