Capitulo 62

Nueva York – Empresa Textil Soto

María estaba revisando unos informes con Vladimir cuando la puerta de su oficina se abrió lentamente. Un hombre de unos 70 años, con el cabello completamente blanco, apoyado en un bastón de madera tallada y una mirada cargada de una sabiduría dolorosa, entró en la habitación.

María se puso de pie, sintiendo que el aire se escapaba de sus pulmones. El parecido con Gabriel era innegable, pero este hombre debería estar bajo tierra.

—¿Quién es usted? ¿Cómo entró aquí? —preguntó María con la voz temblorosa.

El anciano dejó escapar un suspiro profundo y se quitó el sombrero.

—Ha pasado mucho tiempo, María. Veo que el veneno de mi hija Lucía no logró destruir tu espíritu, al igual que no logró terminar conmigo del todo.

—No puede ser... —susurró María, cubriéndose la boca con las manos—. ¿Fernando? ¿Fernando Soto? Pero Lucía... ella nos dijo que usted murió envenenado por sus propias manos.

—Ella lo intentó, María —respondió Fernando con una voz ronca—. Me di
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