Nueva York – Oficina de la Empresa Textil Soto
La puerta de la recepción se abrió y entraron dos personas con el rostro marcado por el luto y la rabia. Karl, un hombre de mirada dura, y su hija Mia, la hermana menor de Zelda. Al ver a una mujer elegante tras el escritorio principal, Mia se adelantó.
—¿Usted es Lucía? —preguntó Mia con la voz cargada de veneno.
—No, yo soy María —respondió ella con calma, mientras Vladimir se ponía de pie a su lado—. ¿Ustedes quiénes son?
—Somos la familia de Zelda. Él es Karl, su padre, y yo su hermana. Venimos a buscar justicia. Queremos la cabeza de Lucía Soto por lo que le hizo a Zelda y a Gabriel —sentenció Mia, rompiendo en un sollozo contenido.
María intercambió una mirada de entendimiento con Vladimir.
—Pasen a mi oficina, por favor. Vamos a hablar con calma. Yo también tengo una historia de dolor con esa mujer y les aseguro que compartimos el mismo enemigo.
Madrid – El Malestar de la Reina
En la suite de Madrid, el ambiente de fiesta se había