Madrid – La Suite del Terror
Lucía estaba sola en la habitación, intentando descansar por orden del médico, cuando el sonido de una notificación en su laptop rompió el silencio. Con desgano, abrió el correo electrónico. No había remitente, solo una frase que la hizo quedar petrificada:
El veneno que diste no fue suficiente para secar la raíz. Las sombras tienen ojos, Lucía, y el patriarca siempre vuelve por lo que es suyo. Cuida lo que llevas dentro, porque la sangre que derramaste clama justicia.
Lucía soltó un grito ahogado y la computadora cayó al suelo. Sus manos temblaban violentamente y el aire empezó a faltarle.
—¡No… no puede ser! ¡Él está muerto! ¡Yo lo vi morir! —chillaba en medio de un ataque de pánico, revolviendo los cajones en busca de su medicina—. ¡Iván! ¡Iván, ayúdame! Pero Iván no estaba. El miedo de que su padre, Fernando Soto, estuviera vivo empezó a devorarla por dentro, más que cualquier droga.
Miami – El Pantano de la Ambición
El helicóptero privado de los Soto