Mónica y Alejandro bajaron del avión privado creyendo que el océano los protegería de la furia de Nueva York.
Mientras caminaban por la pista privada hacia su transporte, un hombre vestido de operario se interpuso en su camino. Sin mediar palabra, el agente encubierto del FBI sacó un arma con silenciador.
Dos disparos certeros acabaron con la vida de Alejandro, y antes de que Mónica pudiera gritar, una ráfaga terminó con ella. Mónica y Alejandro murieron en suelo extranjero, víctimas de la red