Mansión Soto – El Triunfo del Cazador
Dentro de la jaula, el silencio se apoderó del salón. El león yacía en el suelo, soltando su último aliento, mientras Alejandro se ponía de pie, cubierto de sangre de pies a cabeza y sosteniendo el cuchillo con mano firme. Mónica, al ver que él seguía con vida, sintió que el aire regresaba a sus pulmones.
—¡Lo hizo, madre! ¡Lo mató! —exclamó Mónica con la voz entrecortada, corriendo hacia la reja.
Lucía, sin soltar su tabaco, asintió con una mueca de respet